El cambio climático es una de las mayores amenazas a las que se enfrenta nuestro planeta, tanto desde el punto de vista medioambiental como social o económico.
Cuando todavía hay personas que persisten en la idea de que el cambio climático no existe, ya podemos observar sus efectos en toda Europa. En el curso de los últimos años las temperaturas han aumentado casi 1º C en nuestro continente, más que la media mundial. Pero lo peor está por venir y va a afectar a millones de personas.
En su
cuarto informe el
IPCC (Grupo intergubernamental de expertos para el cambio Climático de la ONU), afirma que si no se actúa pronto lo más probable es que la temperatura aumente el siglo XXI entre 1,8 y 4º C, aunque también contempla otro escenario mucho peor que podría llegar a los 6,4º C.
De cualquier forma, en el mejor de los casos, aumentará 2º C que está considerado el límite más allá del cual la situación se volvería irreversible.
El nivel del mar subiría entre 18 y 59 cm, aumentaría la frecuencia y fuerza de los fenómenos climáticos y se perderían, entre otras cosas, islas y zonas costeras.
Los refugiados del clima
Según
Intermón Oxfam, el cambio climático puede hacernos retroceder 50 años en la lucha contra la pobreza. En su informe,
«La evidencia que duele», hecho público con motivo de la reunión del G8 de julio de 2009 en L’Aquila (Italia), hacia la mitad de este siglo 200 millones de personas al año podrían tener que abandonar el lugar en el que han vivido empujados por el hambre, la degradación medioambiental o la pérdida de terrenos de cultivo.
Según el informe, la consecuencia más inmediata del calentamiento atmosférico es el hambre. Cultivos básicos como trigo, el maíz o el arroz son muy susceptibles a los cambios de temperatura y a las situaciones climáticas extremas.
También se menciona el aumento de los desastres asociados al clima. Si se hiciera un gráfico que reflejara los fenómenos de este tipo que han sucedido entre 1975 y 2008 en el mundo y continuáramos dibujando la línea, veríamos que en 2030 se habrían triplicado respecto a la situación actual.
Por último la ONG destaca que es importante ayudar al desarrollo de países más atrasados ya que, cuánto más avanzado está un país en mejores condiciones se encuentra para afrontar los desastres ecológicos y recuperarse de ellos.
La UE y el cambio climático
La Unión Europea abandera la lucha mundial contra el cambio climático, producido en gran parte por la actividad humana, sobre todo por la quema de combustibles fósiles, una agricultura incontrolada y la tala de árboles. Frenar el cambio climático pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.
En 2000 la
Comisión Europea puso en marcha el programa de Cambio de Clima Europeo -
ECCP -. Entre las primeras medidas que adoptó está el sistema de comercio de las emisiones de
gases que se ha convertido en la piedra angular de la política medioambiental de la UE.
El 31 de mayo de 2002, la Unión Europea ratificó el protocolo de
Kioto, que entró en vigor el 16 de febrero de 2005, tras la ratificación de Rusia que había conseguido que la UE pagara su reconversión industrial y la modernización de sus instalaciones industriales, en especial las petroleras.

En el momento de la ratificación, la UE estaba integrada por 15 Estados miembros, la entonces Ministra de medio ambiente de Suecia , Margot Wallström señaló que era «un momento histórico para los esfuerzos globales contra el cambio climático.»
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| Firmado y ratificado |
| Firmado con ratificación pendiente |
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| Firmado con ratificación rechazada |
| No posicionado |
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De izquierda a derecha
Kjell Larson, Comisario UE para el medio ambiente;
Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas;
Margot Wallström, Ministra sueca de medio ambiente;
Jaume Matas i Palou, Ministro español de medioambiente
y Noel Dempsey Ministro irlandés de medio ambiente.
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El protocolo de Kioto fija las emisiones de cada país, según su desarrollo industrial.
En el caso de España podía aumentarlas un 15%, para no lastrar en exceso el desarrollo de su economía, mucho menos industrializada que, por ejemplo, la de Alemania.
Pero a estas alturas ha sobrepasado con mucho su límite, según datos de la Comisión Europea,
España emitió en el año 2007 un 52,6% más que en 1990.
20 - 20 - 20
En diciembre de 2008 La UE adoptó una política con ambiciosos objetivos hasta 2020, en la que integró
cambio climático y energía. Es lo que conocemos como 20 - 20 - 20:
- 20 % menos en las emisiones de gases de efecto invernadero que ahora se ha elevado al 30%.
- 20 % de eficacia energética
- 20 % de energías renovables.
En este paquete de medidas se marca un techo en el volumen anual de emisiones para las grandes industrias. Si se sobrepasa esa cuota deben pagar una multa o comprar a otras industrias la parte excedentaria de la suya. Se prevé que las cuotas irán disminuyendo progresivamente para que las emisiones sean un 21% menores en 2020, en relación con 2005. Lo que significaría el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero de Europa.
En cuanto al 60 % restante, que son las emitidas por el transporte (sin contar el aéreo que se contabiliza de otra forma) la agricultura o las viviendas el objetivo es disminuir las emisiones hasta un 10 % en 2020. Cada Estado debe decidir cómo puede alcanzar estos resultados, teniendo en cuenta su forma de vida y su nivel económico.
Los más industrializados deberán reducir más sus emisiones y los que están en plena transformación económica pueden llegar al nivel de emisiones de los otros países.