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Opinión
21 de Sep, 2010

Por Sergio Delgado Martorell

Al llegar a Berlín se puede contemplar desde el avión cómo estamos llegando a una gran capital ordenada, verde, concienciada con la ecología. Para un español, se podría poner la capital de Alemania, o el país en general, como la viva imagen de la sociedad del bienestar, un concepto nunca perseguido y ansiado desde los cimientos de la UE y que ha derivado en sociedad del malestar para muchos millones de europeos.

El lifestyle germano, comparado con el español, es lo más parecido a una utopía. Hacer la compra semanal, por ejemplo, con menos dinero y salarios más altos es todo un lujo al que los españoles estarían encantados de acceder. El paro juvenil no llega a las tasas del 40% español y los jóvenes pueden emanciparse sin problema a una edad mucho más temprana.

Hablamos con Josep, un español que emigró a Alemania, y Mark, un alemán que se ha mudado a España. Las situaciones de los dos son completamente distintas y es un buen reflejo de la situación actual. Josep es español, tiene 32 años y vive desde hace algún tiempo en Berlín. Está al tanto de lo que pasa en su país de origen, habla constantemente con sus amigos y visita a sus padres cada cierto tiempo. Le gusta estar informado de lo que pasa en España y se asombra al ver las diferencias: «Aquí no hay crisis, no se ha notado. La gente en Alemania vive bien y todo el mundo tiene trabajo».  Josep no tuvo problemas para encontrar trabajo en Alemania y poder vivir sin problemas. Trabaja en una agencia de viajes y dice:  «el sector servicios -clave en cualquier economía- en Alemania funciona muy bien». Por el momento, no tiene idea de volver, sería demasiado arriesgado por su parte, piensa.

Mark, es alemán, tiene 26 años y ha hecho el camino contrario que Josep: mudarse a España. Sabe 4 idiomas y lo único que ha encontrado en 3 meses es un trabajo de un mes en un hotel y gracias a la amiga de un amigo. No tira la toalla, pero reconoce que «no sabía que las cosas estaban tan mal en España, he echado muchos curriculums, he recorrido la ciudad sin parar, por Internet y nadie me llama ni para una entrevista. Confío en que todo mejore». Mark tiene esperanzas, pero sabe que es esencial, conforme están las cosas, conocer a alguien que pueda hablarte de alguien para un trabajo… una madeja de hilos donde todo el mundo parece haberse enganchado como vía de escape.

Mark piensa como Josep, que en Alemania «quizás se notó durante un corto periodo de tiempo pero no, la gente no tiene la palabra crisis en la cabeza como los españoles». Ambos coinciden en algo: si las cuentas no salen parece que sólo sea un dolor de cabeza para el gobierno aunque no a gran escala, ya que la economía alemana tiene ya una tasa de crecimiento del 2,2%, según datos facilitados por Eurostat, superando las expectativas de los analistas que colocaban el crecimiento en un 1,3%. La buena marcha del sector servicios, el aumento de la construcción –pero no la dependencia de él- y el crecimiento de las exportaciones hacen que Alemania pueda absorber 40 millones de trabajadores con unas tasas de desempleo que no llegan al 8%, un número que apenas vio España en los momentos de gran crecimiento económico.

 

Berlín, capital cosmopolita, artística y ecológica

El ejemplo más evidente del auge alemán está en su capital, Berlín, una de las ciudades más cool y multiculturales de Europa. Conocida como una de las capitales más cosmopolitas del mundo, es un claro ejemplo de progreso, diversidad y de continuo movimiento. Es imposible aburrirse en Berlín con su intensa actividad cultural (la ciudad cuenta con cerca de 153 museos) y una gran vida social.

Las noches de Berlín marcan tendencia en todo el mundo convirtiéndose junto a ciudades como París, Nueva York o Madrid en un punto de referencia para los amantes de la fiesta noctámbula. Los trasnochadores siempre tendrán un hueco en la noche berlinesa, llena de propuestas para todos los gustos y bolsillos.

Sus barrios y arquitectura descontrolada le dan un toque alternativo. Sus bares y discotecas, un espíritu abierto, cosmopolita, heterogéneo e indomable. La noche berlinesa ha resurgido desde la caída del Muro. En Berlín nació el cabaret y más recientemente lo hizo el techno. Hoy en día, es referente de la música electrónica y los sonidos más duros. Y no sólo de la música, si no del sexo. Berlín es una ciudad sin tabúes, donde se reciben millones de turistas al año procedentes de otros países europeos o EEUU, dispuestos a dar rienda suelta a sus deseos tanto hetero como homosexuales.

Cualquier lugar es bueno para disfrutar de la noche de Berlín. Los barrios de moda son Mitte, Prenzlauer Berg y Friedrichshain. El barrio de Friedrichshain es el más activo del momento, ya que después de la reunificación de Alemania, muchos artistas y estudiantes del Berlín Occidental se trasladaron allí. Se trata de la zona más barata de Berlín para optar por el botellín en la mano. En Alemania no está prohibido beber por las calles, quizás porque los alemanes son respetuosos hasta con eso.

Mitte es la cara más visible de «la nueva Berlín» y está en constante evolución. También es el barrio más turístico y con opciones para todos. Y Prenzlauer Berg es uno de los barrios más completos de la ciudad en lo que a la noche se refiere. De aires alternativos con muchos bares, pequeños cafés, salas de conciertos y tiendas de diseñadores locales que han convertido el barrio en un motor dinámico que no duerme nunca.

De día nos encontramos una ciudad con mucha vida, lejos de los tópicos que sufren las ciudades del norte de Europa. Berlín no cierra a las 5 de la tarde aunque llueva y haga frío. La gente sale a tomar la cerveza típica y relacionarse con sus amigos que, probablemente, sean de todas las partes del mundo, como receptora de inmigrantes que siempre ha sido. Cabe destacar la población asiática, en continuo ascenso, y, como no, la turca, tradicionales en el crisol germano. Al contrario que pasa en Francia con los gitanos, en Alemania  aquí los problemas de integración no son tan visibles, «excepto aquellos turcos de avanzada edad, que viven décadas aquí y se niegan a aprender el idioma, pero no hay diferencias raciales graves. Hay bastante armonía »explica Josep.

Alemania en general y Berlín, con su muro, en particular, parece estar siempre pagando una deuda con el mundo a raíz del pasado nazi y el exterminio de millones de judíos. Y más tarde el drama del famoso Mauer, muro en alemán. Pasear por la ciudad es un homenaje continuo a las víctimas de los anteriores regímenes intolerantes y fascistas.

En definitiva, Berlín es una ciudad de gente abierta, respetuosa, ecologista – el uso de la bici y la práctica del reciclaje tienen una de las tasas más altas de Europa- y sobre todo muy cívica. Sabe combinar el presente con el pasado, como huella histórica incontestable y que atrae a millones de turistas. Una economía, la de Alemania, que se ha convertido en la capital financiera de Europa, donde su modus vivendi es un sueño para muchos otros países de la Unión.




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