Dudas en Reino Unido por su aislamiento de Europa

El primer ministro británico, David Cameron, ha vuelto a casa desde Bruselas como un metafórico gentleman por su autoexclusión del pacto por el euro, al que previsiblemente se unirán los demás socios de la Unión Europea. Cameron ha contentado a los conservadores más euroescépticos, pero otros dentro de su partido, igual que los laboristas, creen que su decisión aleja a Reino Unido de decisiones que afectarán directamente.

David Cameron, durante el Consejo Europeo
David Cameron, en la cumbre de Bruselas / Foto: Consejo UE
El primer ministro británico, David Cameron, ha vuelto a casa desde Bruselas como un metafórico gentleman por su autoexclusión del pacto por el euro, al que previsiblemente se unirán los demás socios de la Unión Europea. Cameron ha contentado a los conservadores más euroescépticos, pero otros dentro de su partido, igual que los laboristas, creen que su decisión aleja a Reino Unido de decisiones que afectarán directamente.

El ministro británico de Finanzas, George Osborne, ha salido en defensa de su jefe y este sábado ha dicho a la BBC que «hemos protegido a los servicios financieros y las empresas de manufacturas británicas, que necesitan comerciar con sus productos y servicios en Europa».

Osborne apela al cumplimiento que el primer ministro ha hecho de lo prometido al Parlamento británico y a la sociedad y rechaza la intromisión de las instituciones europeas en la economía de Reino Unido. «Si Cameron hubiera ido allí y cedido sin las salvaguardas que pedía, nos habríamos encontrado con los tratados europeos, con el Tribunal Europeo, la Comisión Europea, todas estas instituciones que aplican los tratados aprovechando esta oportunidad para socavar los intereses de Reino Unido, para socavar el mercado único... No estamos preparados para que ocurra eso», afirma el titular británico de Finanzas.

Pero el jefe del gobierno británico no las tiene todas consigo. Los parlamentarios euroescépticos, con los que Cameron se entrevistó nada más volver de Bruselas, aplauden y consideran extremadamente positiva su postura ante el Consejo Europeo. Pero dentro de su propio partido también hay voces que discrepan y que alarman sobre las consecuencias de la decisión.

El eurofilo y exministro, Michel Heseltine, sostiene que Cameron no podía firmar el acuerdo europeo porque no tiene una mayoría parlamentaria para hacerlo, pero, en realidad, no se han protegido los intereses de la City, como se ha dicho, porque ahora «la eurozona podrá crear normas que dificulten nuestro comercio exterior y las actividades de los servicios financieros y ese es el temor».

Además, los conservadores gobiernan con los liberales y este asunto agrieta la coalición. El viceprimer ministro, Nick Clegg, ha apoyado formalmente la postura de su socio, pero advierte del riesgo de una Europa a dos velocidades, en la que la posición británica puede verse marginada.

El líder de la oposición laborista, Ed Miliband cree que Reino Unido ahora podrá verse excluido de decisiones económicas que serán clave y el jefe del Partido Independista de Reino Unido, Nigel Farage, prevé el peor panorama posible para su país, que queda en Europa sin ningún poder.