La cumbre de Doha termina sin resultados que frenen las catástrofe del clima

Las negociaciones de Doha han terinado con un documento vacío. A pesar de los titulares oficiales ha vuelto a ser un gran fracaso como denuncian las organizaciones ecologistas: no se han sentado las bases para avanzar en la reducción de emisiones y el compromiso de los países industrializados, para mejorar la capacidad de adaptación al cambio climático de los más vulnerables ha sido una cantidad irrisoria. La pregunta de un delegado de Filipinas «Si no es ahora ¿cuándo?, si no es aquí ¿dónde? si no lo hacemos nosotros ¿quién? ha quedado en el aire.

Cataríes se manifiestan
Por primera vez se celebra una manifestación en Catar/ Foto: Teresa Anderson/ Climate Justice now

DOHA, (IPS) - La conferencia del clima de las Naciones Unidas se alargó un día más, hasta este sábado en la capital de Catar, para finalizar sin mayores reducciones de la contaminación que recalienta la atmósfera ni compromisos de financiación para el período 2013-2015.

Sin embargo, los países en desarrollo han logrado mantener a flote el Protocolo de Kyoto, único tratado internacional obligatorio para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. «Es un acuerdo increíblemente débil», comenta Samantha Smith, representante de la Red de Acción por el Clima, una coalición de más de 700 organizaciones no gubernamentales.

«Los representantes de los gobiernos llegaron aquí sin un mandato para actuar», dijo Smith en una conferencia de prensa momentos después de que terminara la COP 18 y de que sus 194 Estados partes aprobaran un complejo paquete que dieron en llamar Portal Climático de Doha (Doha Climate Gateway).

Este acuerdo establece una segunda fase de compromisos del Protocolo de Kyoto, para que las naciones industriales reduzcan sus emisiones de gases invernadero entre 2013 y 2020, pero sin fijar los volúmenes de esos recortes.

Tampoco se ha comprometido un apoyo financiero para la adaptación de los países más vulnerables al cambio climático, apenas un acuerdo para celebrar más reuniones sobre la cuestión en 2013. También para el año próximo ha quedado mantener conversaciones para crear un «mecanismo» destinado a medir daños y costes para los países afectados por las manifestaciones del cambio climático.

Finalmente, el acuerdo incluye una previsión de dos años de negociaciones para un nuevo acuerdo climático internacional que entraría en vigor en 2020. «Es imposible lograr que todos se vayan con una sonrisa. También yo estoy decepcionado», ha dicho el presidente de la COP 18, el catarí Abdullah bin Hamad Al Attiyah. Que parecía sorprendido de que los países quisieran introducir tantos cambios en las dos semanas que ha durado la conferencia, e incluso hasta en los últimos momentos. Sin embargo, este es un acuerdo «histórico», subrayó.

Pero en la conferencia de Doha no se ha hecho nada para frenar una escalada de contaminación que está llevando al planeta a un calentamiento de cuatro grados o incluso más. Y ofrece poco para financiar a los países más pobres que deben soportar los efectos de la transformación del clima, apunta Smith.

La activista acusa a Estados Unidos y a Canadá de bloquear los avances. Canadá ha sido uno de los peores, afirma. Mientras se beneficia de la explotación de sus extensas arenas petrolíferas, es «muy obstruccionista con la financiación».

Los países industriales se habían comprometido a aportar 100.000 millones de dólares por año al Fondo Verde para el Clima a partir de 2020. Con el fin de llenar el vacío hasta entonces, las naciones en desarrollo pidieron 60.000 millones de dólares para 2015. Alemania, Gran Bretaña y un puñado de gobiernos más han prometido aportar 6.000 millones, pero de forma voluntaria. Se seguirá discutiendo de la financiación el año próximo.

Uno de los debates más intensos de las sesiones a puerta cerrada que se han celebrado ha sido sobre pérdidas y daños. Estados Unidos se enfrentó a estados isleños como Filipinas, que soporta severos daños por las inclemencias meteorológicas y el aumento del nivel del mar.

Los delegados de Washington bloquearon todas las referencias que implicaran compensaciones o responsabilidad. Una fuente que no quiso dar su nombre admitió abiertamente que temían represalias políticas a su regreso. «Las pérdidas y daños son un asunto enorme para América Central. Somos muy vulnerables a los impactos del cambio climático», dijo Mónica López

Baltodano, del Centro Humboldt de Nicaragua y observadora de la sociedad civil en las conversaciones. «Honduras y Nicaragua figuran en primer y tercer lugar entre los países más vulnerables del mundo, según el Índice Mundial de Riesgo Climático».

El índice que elabora la entidad alemana Germanwatch, que se ha conocido en Doha, sostiene que esos dos países centroamericanos han sido los que más pérdidas de vidas y daños han sufrido en las dos últimas décadas. En 2011, Tailandia, Camboya, Pakistán y El Salvador fueron los más golpeados por eventos meteorológicos extremos.

En la COP 16, celebrada en la ciudad mexicana de Cancún en 2010, se acordó buscar mecanismos para evaluar y reducir los daños y pérdidas que causan las manifestaciones del calentamiento, desde los desastres meteorológicos a fenómenos de desarrollo lento, como la elevación del nivel del mar, la acidificación de los océanos, la pérdida de biodiversidad y la desertificación.

El mundo en desarrollo quería una nueva institución y un marco de acción para los daños y pérdidas, pero Estados Unidos se niega a crear una entidad. Así que se ha quedado en establecer «un nuevo mecanismo» en 2013.

La segunda fase del Protocolo de Kyoto se extenderá entre 2013 y 2020, un avance muy importante para los países en desarrollo, pues sus metas de reducción de emisiones y sus métodos de emisión y de verificación tienen fuerza legal.

Sin embargo, solamente la Unión Europea, Australia y algunos pocos países más están dentro de las obligaciones de Kyoto, y representan en total apenas un 12 por ciento de las emisiones mundiales de gases invernadero.

Estados Unidos no forma parte de este tratado. Canadá y Japón optaron por retirarse de la segunda fase, y las grandes potencias emergentes -China, India, Brasil, etcétera- tampoco forman parte de él, por ser países en desarrollo.

Además, ninguno de los estados a los que incumbe la segunda fase del Protocolo de Kyoto se ha comprometido a nuevas reducciones de sus emisiones. Solo han aceptado una revisión obligatoria de sus compromisos de recorte en 2014.

Las naciones ricas no obligadas por el protocolo han prometido realizar disminuciones comparables, pero sin ningún anuncio concreto en Doha. «El proceso de la COP es decepcionante», ha dicho López Baltodano, que ha asistido a las tres últimas conferencias. «Es evidente que los intereses económicos nacionales dominan las negociaciones». Y los países están a su vez influidos por el sector corporativo, mientras la que sociedad civil tiene poca capacidad de incidencia y de actuación, «Hay un espacio enorme al que no llegamos».

El resultado concreto de Doha pone al mundo rumbo a un calentamiento de tres, cuatro o incluso cinco grados respecto a las temperaturas preindustriales, dijo un delegado de la isla de Nauru, en el océano Pacífico, que habló en la sesión plenaria final en nombre de la Alianza de Pequeños Estados Insulares.

«No estamos hablando de lo confortablemente que sus pueblos pueden vivir (del mundo desarrollado), sino de si nuestros pueblos podrán vivir. La vida de nuestra gente es la que está en la cuerda floja».