Portugal: la crisis pone en peligro el pluralismo informativo

Dos años después de que el país pidiera ayuda financiera, Portugal se ha hundido en una espiral de austeridad y decrecimiento económico. Las consecuencias son dramáticas en todos los niveles, tanto económica como socialmente.

Un barquito de papel
El periodismo, una profesión cada vez con menos futuro en Portugal

En estos dos años, los principales indicadores muestran un agravamiento absoluto de la situación: La recesión se acumula y está provocando una reducción del 5,5% del PIB. Ha habido un aumento de más de 430.000 desempleados, lo que implica que casi millón y medio de trabajadores no tienen trabajo. En Portugal, esa cifra alcanza un record histórico. Menos de la mitad (un 49,5%) de la población tiene algún tipo de empleo. La reducción media de los salarios reales es del 9,2%. El consumo se ha reducido un 10%. -Más de 250.000 portugueses-en su mayoría jóvenes- han emigrado (el país tiene unos 10,5 millones de habitantes). La deuda pública no ha dejado de aumentar en este período, alcanzando el porcentaje récord de 123,6% del PIB.

Y todo indica que la situación es cada día más grave. Según datos publicados hace dos semanas, el paro rozaba el 18% de la población activa en el primer trimestre de 2013, de nuevo un triste record histórico en Portugal. La población activa ha disminuido en una cifra cercana a las 70.000 personas. La tasa de desempleo de larga duración registró en tres meses un alza de un 0,9%, superando el 10,4% de los trabajadores activos. Es la primera vez que este indicador supera el 10%, lo que significa que casi 600.000 personas carecen de empleo desde hace más de un año (40.000 más en el último trimestre).

Estamos ante una realidad social muy inquietante porque cada vez más parados carecen de ayuda, ni prestación alguna. En lo que se refiere a los jóvenes, durante el primer trimestre de 2013, la tasa de desempleo superó el 42%. Portugal se acerca así a las cifras fatídicas de paro juvenil que ya tienen España o Grecia. La abstracción de esas cifras no nos debe conducir al olvido de que, tras la dureza de las estadísticas, se encuentran millones de personas.

Y entre ellas, desde luego, no faltan los periodistas. Este año, para celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la UNESCO creó el eslogan «Hablad sin riesgo: por el ejercicio seguro de la libertad de expresión en todos los medios». La idea central es que solo un ejercicio seguro del periodismo, unido a la existencia de un trabajo decente para los periodistas, permiten garantizar la libertad de expresión y luchar contra la impunidad de quienes atacan a los profesionales de los medios.

En Portugal, el Sindicato de Periodistas declaró en esa jornada que «no hay ningún caso de asesinato de periodistas en el país, felizmente, ni de ataques contra la vida de los periodistas; pero no se puede decir que los periodistas no sean víctimas de otros intentos de silenciarles mediante los ataques a sus derechos», como ciudadanos, en lo que se refiere a sus derechos sociales, y como profesionales de la información:

«En los tres últimos años, al menos 500 periodistas fueron despedidos y el temor al despido se extiende en las redacciones de los medios, como consecuencia de lo que llaman 'reestructuración', que implica sacrificar los empleos y expulsar de las redacciones a quienes tienen más cualificación y experiencia. Se vacían así los medios de su propia memoria, inapreciable, que representa el pensamiento más crítico y se condena al silencio a muchas voces, sobre todo a las de quienes resultan molestos y contribuyen a la calidad y a la diversidad informativa. Muchos, la mayoría quizá, no podrán volver a ejercer profesionalmente como periodistas. Otros regresarán al oficio para verse inmersos en el ciclo de una precariedad que sirve para silenciar las conciencias y para sabotear el compromiso con la libertad y el pluralismo».

«La erosión del pluralismo informativo amenaza a los servicios públicos de agencia, radio y televisión, como resultado de los recortes impuestos por el Gobierno portugués. Entre ellos, citaremos la reestructuración, ciega y forzosa, que promueve la fusión de corresponsalías exteriores de la agencia Lusa con las de la Radio Televisión Portuguesa (RTP); o la fusión de las redacciones de la radio y la televisión públicas».

Tras una intensa mobilización de la sociedad y de los periodistas, el Gobierno parece haber dejado en un cajón su proyecto de privatización de la radio y la televisión públicas. Pero la hemorragia material y humana sigue adelante. La RTP ha habierto un proceso de bajas «voluntarias» y unas 200 personas están ya en esas listas. Una cifra de despidos que está lejos de lo que la RTP desea alcanzar de verdad. Quieren despedir a muchos más. El espectro del despido colectivo sobrevuela la radio y la televisión públicas. La fusión redaccional de los operadores públicos de radio y televisión es un paso en esa dirección.

A mediados de mayo, hubo otro despido colectivo: el del Diário de Notícias de Madeira. Es un ejemplo de cómo son las cosas actualmente: hasta un total de 28 trabajadores despedidos, de los que 14 eran periodistas, en una redacción de 32 empleados. También invocando dificultades económicas, el propietario de la cabecera presionó a los trabajadores para que aceptaran una reducción de un 10 por ciento de su jornada y de su salario. Resulta aún más difícil de entender si se sabe que el principal accionista, el grupo Blandy (británico), obtiene cada vez mayores beneficios en su actividad principal .

El Sindicato de Periodistas también declaró en el Día Mundial de la Libertad de Expresión que «bajo el pretexto de la crisis, pero también amparándose en la demanda de aumento de sus beneficios, los responsables de estos actos permanecen impunes. Una parte de la opinión pública se mantiene también indiferente a las graves consecuencias de esta situación, sin darse cuenta de que van desapareciendo quienes son sus ojos y oídos para contemplar el mundo y que cada vez son menos las voces que trabajan para ayudarles a interpretarlo. También en Portugal es urgente garantizar que todos los periodistas pueden seguir expresándose sin temor».