Sudáfrica está lejos de honrar el legado de Mandela

Mientras el mundo llora la muerte de quien fue mucho más que el primer presidente democráticamente elegido de Sudáfrica, Nelson Mandela, su amigo e incondicional aliado político Tokoyo Sexwale sostiene que no es tan sencillo honrar su legado.

Mandela
Mandela / Foto: Gobierno de Sudáfrica

«Le pedimos a la gente que honre a Madiba (nombre del clan al que pertenecía y con el que el pueblo sudafricano lo llamaba cariñosamente), encarnando su herencia. Hoy somos libres gracias a Mandela», dice Sexwale tras la muerte de su amigo. «La muerte es algo triste. Pero podemos celebrar muchas cosas de la vida de Madiba. Fueron 95 años bien vividos».

Líderes de todo el mundo han expresado su tristeza por el fallecimiento del premio Nobel de la Paz 1993. Pero fue Ahmed Kathrada, amigo cercano y confidente de Mandela, quien hizo llorar a muchos con su sentido tributo. «Nos conocíamos desde hacía 67 años, y nunca imaginé que sería testigo de la realidad inevitable y traumática de tu muerte... ¿A quién acudiré en busca de solaz, consuelo y consejo?», dijo Kathrada, activista político y exasesor de Mandela, en una carta abierta este viernes.

En una entrevista previa al fallecimiento de Mandela, Kathrada había comentado que «hay mucho por hacer, porque el principal mensaje con el que Madiba salió de la prisión (en 1990, tras 27 años de encierro) fue el del antirracismo. Eso significa vivir en un país de diferentes creencias políticas», señala Kathrada. En su oficina hay una fotografía donde aparece sentado en un sillón junto a Mandela, su ex comandante en jefe, riendo como si estuvieran compartiendo una broma privada. «Es tiempo de que te retires, Madala», escribió Mandela en letra manuscrita sobre la imagen, que le obsequió a Kathrada en 2001.

«Entre nosotros nos llamábamos 'madala' (viejo)», explica Kathrada. «Todo el mundo lo llama Madiba, pero él era mi 'madala'». El retrato refleja el profundo vínculo que los unía, nacido en los años que pasaron juntos durante la lucha por una Sudáfrica libre y democrática. A ambos los habían sentenciado a cadena perpetua en el proceso por traición de Rivonia (1963-1964). Ellos y otros dirigentes del hoy gobernante Congreso Nacional Africano (CNA), principal fuerza política del movimiento negro, habían sido acusados de sabotaje al régimen segregacionista blanco del apartheid, que hasta 1994 oprimió a la mayoría de la población de este país.

Kathrada y Mandela cumplieron juntos parte de su condena en Robben Island. Casi cinco décadas después, Kathrada dice que con compartieron una relación muy franca y abierta. «Madiba no era un santo, pero tenía cualidades», señala. «No abandonó su compromiso de combatir la injusticia... Era un tigre».

«Sabíamos que ganaríamos la lucha, que obtendríamos la democracia. Pero jamás se me pasó por la cabeza que Mandela llegaría a ser presidente», dice. En 1994, Mandela se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica y cumplió solo un período de gobierno, hasta 1999.

Pero ese lapso fue suficiente para que Mandela, abogado de formación, reformara de modo radical el sistema legal sudafricano, según el juez Siraj Desai, un activista estrechamente involucrado con muchas batallas jurídicas contra el apartheid. «Su contribución al marco legal basado en los derechos humanos es inconmensurable. Él cambió por completo el modo en que ejercemos el derecho. Su legado se expresa en la Carta de Derechos Humanos», que constituye el capítulo segundo de la Constitución, explica Desai.

Hoy los sudafricanos no pueden cerrar los ojos ante la realidad de la pobreza. Para el juez Desai, «los derechos socioeconómicos todavía no se han cumplido, pero es por el fracaso de la actuación política, no por el fracaso de la reforma legal».

Fazila Farouk, activista por la justicia social en Sudáfrica, cree que los problemas que Mandela describió en su testimonio durante el juicio de Rivonia siguen vigentes. «Mandela habló de los habitantes de las áreas rurales, de cómo sufrían por la pobreza del suelo y las sequías, de las atroces condiciones laborales de los agricultores negros, de la desigualdad (en las zonas urbanas), de un sistema educativo partido en dos y del enorme impacto de la desnutrición en la capacidad de aprendizaje de los niños».

«La triste realidad es que uno puede tomar fragmentos textuales de su discurso de 1963 y aplicarlos para abordar la realidad que muchos sudafricanos enfrentan hoy en día», señala la activista. Conmueve que las vidas de tantos compatriotas todavía no hayan cambiado, apunta. La activista admite que el acceso a la educación mejoró radicalmente desde que Sudáfrica se convirtió en una democracia, en 1994.

Pero «si miramos nuestro país hoy, nos damos cuenta de que lo estremecedor de su discurso es que en muchos sentidos le hemos fallado», se queja Farouk. Para él «la desigualdad de ingresos es la razón central de muchos fracasos del gobierno para hacer respetar los derechos humanos. Si no la afrontamos, no superaremos nuestros problemas».

Para la activista por la igualdad de género Lindsay Ziehl, desde el punto de vista legislativo, las mujeres sudafricanas están mucho mejor gracias a la influencia de Mandela. «Él hizo una contribución significativa para igualar las condición de las mujeres. Ahora tenemos mejores leyes, mejor capacitación en las comisarías y en los tribunales. Por primera vez la gente entiende que la violencia doméstica no es solo un asunto de matrimonios», explica.

En 1998 Sudáfrica adoptó la Ley sobre Violencia Doméstica, que reconoce los abusos económicos, emocionales y físicos en las relaciones personales entre hombres y mujeres. Ziehl agregó que ahora hay más mujeres que nunca participando en la política. Sudáfrica ocupa el tercer puesto mundial en términos de representación femenina en el parlamento.

Pero Daygan Eagar, del Proyecto de Promoción de la Salud Rural, critica que, al analizar los derechos sanitarios de los pobres, «no hubo muchos cambios; de hecho, en algunas áreas se registró un retroceso». La política económica se focalizó en las áreas urbanas, mientras las rurales han sido muy desatendidas. «Inmediatamente después de 1994 hubo un enorme aumento de la cantidad de instalaciones de salud construidas, pero no se concentraron en la provisión de servicios ni en el uso sostenible de los recursos», apunta Eagar.

Una investigación del Proyecto de Promoción de la Salud Rural muestra que alrededor del 15 por ciento de los hogares rurales son más pobres por el «efecto catastrófico» de los costos del transporte para llegar hasta los sitios donde hay atención médica, agrega.

Mientras el mundo llora la muerte de Mandela, Kathrada cree que sus acciones y su vida alcanzan para crear «un mundo de jóvenes Madibas». «Recordemos lo que defendió y por lo que sacrificó toda su vida: construir una nación unida bajo una sola bandera, bajo un solo himno».